22/7/09

María

Muchas veces me había planteado escribir este post, pero siempre desechaba la idea por un motivo o por otro. Hoy me apetece compartirlo y exactamente no sé por qué, quizás sea porque estando en el avión, una mujer me ha pedido que sostuviera a su bebé en brazos mientras ella estaba en el baño. Y sostener en brazos semejante muñeco con cabecita pelona, me ha hecho revivir aquello.

Hace años, trabajé como voluntaria de la Cruz Roja en el aula de recreo de pediatría en un hospital de Barbicity. Sólo eran dos horas cada viernes, no me suponían nada porque a pesar de estar trabajando y estudiando, el trabajo era de coña y estudiar, estudiaba más bien poco.

Cada viernes había niños nuevos; los de la semana anterior se habían recuperado y se habían ido a casa, siempre solía ser así. Cogían fiebres, apendicitis, etc... y al ponerse buenos, zumbando a casa. A veces había niños que se ponían muy malitos y estaban más tiempo, a esos no les dejaban salir casi de la habitación y yo apenas tenía trato con ellos.

Así conocí a María. Una gitanita de 6 años, con una palabrota siempre en la punta de la lengua, morena y delgadita que me traía loca. No sé cómo fue, pero al cabo de tres o cuatro semanas seguidas, empecé a preguntarme por qué no se iba a casa nunca. Lo cierto es que cada viernes al llegar, yo iba directa a su habitación a ver si seguía allí y, al verla, en vez de preocuparme, se me alegraba el día... daba por hecho que tarde o temprano se iría, y que cada día que estuviera con ella podía ser el último.

Jamás preguntaba a los niños qué era lo que les pasaba, se suponía que yo estaba allí para hacerles olvidar durante un rato que estaban en un hospital, hacer que se evadieran. Hacíamos teatros, juegos, cantábamos... María era súper competitiva, quería ganar en todo y ser siempre la protagonista de los teatros. La vitalidad le salía por los poros, por esto tardé en darme cuenta de lo que le pasaba realmente. En su habitación nunca había nadie más que su madre, una gitana risueña que, paradójicamente, siempre vestía de negro. Una tarde me llamó mientras María hacía pendientes de plastilina y se los ponía a los demás niños. Yo salí a hablar con ella.

- Barbi, los últimos análisis son muy malos.

Me di cuenta de que ella pensaba que yo sabía todo acerca de lo que fuera que tenía allí a María.

- ¿Qué análisis?
- La quimio no va bien.

En ese instante, quise desconectar y no seguir escuchando. Se me hizo un nudo en la garganta, de ésos que no se pueden tragar y que si sigues hablando se te parte la voz. Así que no dije nada.

- Me dicen los médicos que aumentemos, yo no entiendo qué significa. ¿Qué hacemos?

La madre de María era analfabeta, ni siquiera sabía conjugar bien los verbos. Su marido estaba en la cárcel y su familia no iba mucho por allí... y de haber ido, tampoco los veía yo muy duchos en temas médicos. Por supuesto yo tampoco tenía ni idea, pero ella vio en mí un apoyo monumental, porque yo sí entendería lo que los médicos pretendían.

Sentí que me estaba metiendo en aguas pantanosas pero llegados a ese punto no podía negarme a nada. No quería, además.

Al cabo de dos meses, los médicos ya consultaban conmigo antes que con su madre cada paso y comentaban cada resultado. Luego yo se lo explicaba a la madre. Increíblemente, hay médicos que no tienen ni puta idea de cómo hacerse entender a cierto tipo de personas.
Yo ya no iba cada viernes, acabé yendo casi cada día. Y no para estar con los demás niños, yo iba sólo por María.

Había veces que pasaba dos días sin ir porque tenía exámenes, y el móvil me sonaba. Era María cabreada.

- ¿Y tú dónde estás? Que la mama sa ido al mercadillo y yo estoy solita. Ven conmigo.

Y yo me deshacía, y por supuesto iba. Sentía cómo dependía totalmente de mí, no tenía a nadie más que a su madre y a mí, y su madre muchas veces tenía mil cosas que hacer... como ir a trabajar al mercadillo o encargarse de sus otros cinco hijos. Recuerdo que durante esa época me costaba quejarme por cosas banales, nada me parecía lo suficientemente grave para alzar la voz o enfadarme.

Cuando llegaba, María se abalanzaba sobre mí, se me colgaba del cuello como un mono y me pedía que la llevara por todo el hospital, para cotillear. Además me hacía una lista detallada de todos los niños a los que tenía que reñir, y los motivos por los que debía hacerlo.

Una tarde, al levantarla de la cama, me horrorizó ver cómo la almohada había quedado completamente llena de su pelo negro. Se le caía a mechones. La cogí en brazos y me temblaron las piernas, salí de allí con ella, aguantándome las ganas de llorar. Porque eso sí, María no me vio llorar. Ya bastante tenía ella.

Y no creáis que no, que María llevó con mucha dignidad su pérdida de pelo, eso sí, qué trabajo me costó. Una tarde, ella no quiso salir de la habitación porque estaba completamente calva y temía que los demás niños la miraran. Se me ocurrió coger todas las muñecas (que por cierto, me gastaba mi minisueldo en muñecas), y una tijeras.

- Hoy vamos a jugar aquí, a las peluqueras. ¿Sabes qué se lleva mucho ahora?

Y ella me miraba expectante, como si lo que yo dijera fuera todo cierto e irrefutable.

- Ahora se lleva mucho el pelo cortísimo. - que dije yo muy segura.

Y empecé a cortarles las coletas a las muñecas. ¡Anda que no se lo pasó bien  trasquilando a las Barbies! Fue una terapia en toda regla porque a partir de entonces, ella creyó fervientemente que el pelo corto era lo más de moda del mundo. Por eso siempre intentaba cortármelo a mí también, y por eso yo sudaba mucho cuando la veía con unas tijeras en la mano. Por lista.

Pero María perdía peso a una velocidad de vértigo y cada vez le costaba más andar y correr, estaba muy débil. Empezó a perder el ánimo y la sonrisa poco a poco, y yo con ella. Los médicos nos preparaban para lo peor, pero en mi mente no había espacio para nada más que para verla recuperarse. Me negaba a creer que una niña tan especial y tan inteligente, pudiera no crecer como cualquier niño y hacer vida de adulta. Estaba segura de que todo se arreglaría, porque siempre tengo la estúpida sensación de que todo saldrá bien.

La enseñé a escribir los nombres de todos los niños y enfermeras, a no ser siempre la protagonista en los teatros, a no decir palabrotas y a que no le dijera a los médicos "¿tú has estado fumando porros?" (frases cotidianas en su familia). Aunque esas cosas me hacían siempre reír.

Ella me reñía por no llevar "oros", por no estar casada ya con 22 años, por no ir cada día a verla y por no reñirle a tooodos los demás niños cuando ella me lo pedía.

No me gustaría hacer un post triste, sólo haceros saber que una vez existió una niña divertida, que quería ser médico para curarse "lo malo", que supo resignarse a tantos meses de clausura en aquel hospital y que ojalá el mundo la hubiera conocido, porque era la caña.

Hace años de esto pero cada día desde entonces, la recuerdo. Me costó mucho hablar de ella sin llorar, incluso pasé un año sin nombrarla en voz alta. Pero sin darme cuenta un día volví a hablar de ella con una amiga y no lloré. Al revés, nos reímos de sus ocurrencias. Y hasta hoy, que incluso puedo escribir sobre ella.


Te quiero, bicho!

38 comentarios:

Mar dijo...

Tú ya no lloras pero has hecho que se me salten las lágrimas. Me alegra saber que aún queda gente con la sensibilidad suficiente para que le afecte la vida de los demás y en especial los más necesitados.

Besos desde el Sur.

Staros dijo...

No vemos lo realmente chunga que es la vida hasta que no nos da un toquecito en la espalda para que la miremos directamente la su cara.

Necesitamos que nos llegue y nos toque para ver que, aunque nosotros nos sintamos desdichados, hay gente mucho peor... y no hace moverse mucho para verlos

Min dijo...

Es la segunda vez que leo la historia y la segunda vez que lloro como una magdalena.

Los niños deberían ser inmunes a todo y crecer todos felices en entornos maravillosos y sin traumas.

Tía, tienes un corazón que no te cabe en el pecho. Muamuamua!!

Xellos dijo...

Siempre he dicho que los que mejor entienden esto, son los irlandeses. Se bebe por el que se va y asi acaba la fiesta, porque como tu misma dices, esa chiquilla vivio una fiesta, corta pero fiesta. Y no hay más, suerte tuvo de tenerte, suerte tuvistes de lo que te enseñó, que tardaste un año, pero te hiciste irlandesa.

^lunatika que entiende^ dijo...

Seguro que aprendiste a valorar muchas cosas... Tienes un corazón y una fuerza envidiables.

Un besazo, guapa.

Blanco Humano dijo...

Jo, me has hecho cosquillitas por dentro.

Ven aquí que te de un achuche un poco, boba...

Inner Girl dijo...

Es una historia muy dura pero bonita a la vez. Yo no habría sido capaz de tragarme todas las lágrimas que te tragaste tú delante de la niña. Eres extraordinaria. :)

Lunaria dijo...

Juer Barbi mira que no tenía yo ganas de llorar tan temprano, pero na, no lo he podido evitar.
Yo creo que soy fuerte, y que podría con mil cosas, pero la enfermedad me aterra, y es que estoy muy sensibilizada con el tema. Quizás algún día te cuente.
De situaciones como estas se aprende mucho y sin duda puedes estar contenta por todo lo que hicieste por ella.
Besotes.

Bichejo dijo...

Lagrimones como puños…y encima en el trabajo!!
Me rebela mucho cualquier cosa que le pase a un niño, lo menos que uno merece es crecer sano y feliz.
Yo ya tenía más o menos claro cómo eres, pero esto me lo confirma.
Muchos besos, peque.

Biónica dijo...

Yo también en el trabajo... me he quedado toda triste, sí. Yo no hubiera logrado que no me viera llorar, eres realmente fuerte Barbi... yo es que soy una llorona. Gracias a ti, tiene un huequito en la memoria de muchos, me meto este post a la saca...
Besos Barbija

Ixchel dijo...

Yo soy chica dura así que no me ha hecho llorar, sin embargo si que es una historia que toca la fibra sensible. Y es que, los niños muchas veces se deben enfrentar a cosas que no deberían estar permitidas. Pero por desgracia, le ocurrió a María, y le ocurre a los miles de niños que habrá ahora mismo ingresados en hospitales. Pero no se puede ser pesimista, y en vez de llorar por una pérdida, se debe "celebrar la vida". La vida de una niña, que aunque breve, te aportó y te enseñó. Ese era su objetivo.
Un abrazo.

Jezabel dijo...

Barbi, te quiero. No te pongas triste, que yo estaré contigo cuando las cosas se pongan feas. Prometido.

Ladrona de Mentiras dijo...

=)
Has hecho que se me encoja el estómago.

Mahs dijo...

Leyendo cosas como ésta se da uno cuenta de lo que egoísta y caprichoso que es... Prometo intentar no quejarme nunca más por lo mal que me trata o me deja de tratar la vida.

Eres la caña, Barbija...

David Frost dijo...

Qué razón lleva Ixchel.

Me ha puesto blando esta entrada, por Eru. Y luego Jez me echa la peta por no ser IRACUNDO.

:(

Para que veas que, como dirían en los simpson, un corazón grande ensanchece al hombre más pequeño (en este caso, a la niña más pequeña y rebelde).

Ánimo, Barbija, un besazo ;)

Cattz dijo...

Tup tup tup. Otra razón para no tener niños.
Si por algún motivo perdiera a un hijo me moriría por dentro. No consigo imaginar lo que pasaste. Un beso muy muy muy fuerte :**

Barbijaputa dijo...

Gracias a todos, pequeños seres abominables. No quería entristeceros, pero supongo que por mucho que lo intentara, la historia en sí es triste.

Y Cattz, ésta es la principal razón para que sea antibabys, como tú. Me gustan mucho, pero no podría pasar por algo así otra vez y menos aún, que fuera mío.

Friducha dijo...

Gracias por compartirlo.

B. dijo...

Qué historia increíble. Los seres humanos no dejan de sorprenderme, por muy feo que suene eso...
Como han dicho otros, no creo que yo hubiera tenido la fuerza interior para presentar un frente estoico frente a esa niña.

Agradezco mucho que hayas decidido compartir tu historia, es una gran lección.

xxx

Cattz dijo...

Por otro lado considero que los niños sí que merecen una madre como tú...
Si me entrasen ganas yo creo que adoptaría. Al fin y al cabo es un niño que YA está en el mundo y al que puedes intentar dar una mejor vida y una familia, pase lo que pase. Pero mi conciencia no aguantaría bien lo de traer a alguien nuevo, no no...

Radagast dijo...

Pues yo en esto lo que veo es un punto más para Barbija. Hemos visto su lado desternillante, su lado cívico, su lado profesional y ahora vemos su lado más caritativo y preocupado.

Estoy pensando en practicar la poligamia...

Jezabel dijo...

Rad, amor de mis entretelas, no querrás que empiece yo a practicar la poliostia, verdad?

Radagast dijo...

Ah, pero lo de ahora sólo era un entrenamiento, Jez?

Jezabel dijo...

¿Qué? GROAORRRRR!!! (Pasa a Crinos y se tira a matar.)

oraculador dijo...

Sin palabras me dejas.
Poco que añadir a todo lo que se ha dicho más arriba. Que eres una hermosísima persona, como muchos ya sospechábamos.

Bono dijo...

Pelos de punta se me han puesto

vittt dijo...

triste, bonito y sincero

Crystal dijo...

Jo, Barbija, me has dejado sin palabras...

:(

Rdimichelle dijo...

barbi estas muy mal de la dcabeza!!!

Barbijaputa dijo...

Jo, Rad y Jez para escenas de matrimonio pero en graciosos, claro. Polihostias...XDDD

Cattz, me ha llegao, me ha llegao a la patata!!

Fri y Bono, siempre estáis por ahí aunque no comentéis mucho, verdad?
me alegro que os gustara.

B. y Rdi; bienvenidos y gracias, hay cokes en el frigo. (Rdi, no te conozco, pero si andas por aquí, es que tú tampoco estás muy cuerdo)

Crys y vittt; No poneros tristes que me da pena!

Ora; No hay pa tanto, tú también hubieras hecho lo mismo. :*

Aspective dijo...

Uff, vaya nudo en la garganta que me has dejado.
Pero sólo se me ocurre darte las gracias. Por ser así, por dejarme pensar que hay gente desinteresada en el mundo y gente que se preocupa por los demás,que ceden su tiempo y su esfuerzo y ponen el alma en ello.
Gracias por compartir la historia.
Un abrazo

jjvaca dijo...

: (

peibol dijo...

Has conseguido algo que no es fácil en mí: Emocionarme.

He visto a María, he visto su evolución y te he visto a ti con ella. Me ha encantado la entrada, aunque ojalá no hubieras tenido que escribirla... (ya me entiendes)

Barbijaputa dijo...

Gracias a todos, mua.

Teddy dijo...

:)))))

Entrari dijo...

Cuando se puede escribir de una cosa así, es que te quedas con lo mejor de haberla conocido.

Jorge dijo...

Estas cosas me superan, y me hacen ver que no tengo ningún derecho a quejarme. Ahora mismo te daba un abrazo!

Roger Florensa dijo...

Intentando disimular las lágrimas en la oficina...
Que haya niños que tengan que sufrir cánceres y otras enfermedades de mierda es la prueba fehaciente de que dios no existe, y si existe es un hijoputa.

Gracias por tus artículos y tuits.