29/12/12

Que el vaso no se llenase nunca

Más de veinte años antes solían compartir apuntes y banco en la facultad.
También compartían horas tumbados en el césped del campus, fumando cigarrillos de liar y bebiendo cerveza. El césped y el sol apetecían más aquellos días que las clases de viejos profesores apoltronados en sus butacas; inmóviles, fósiles.

Aun así, él asistía a más clases que ella.
Él era responsable por los dos, tomaba apuntes por los dos, estudiaba por los dos.
Ella siempre se dejaba llevar, confiaba en el buen hacer de él, en que él resolvería en el último momento sus dudas antes de un examen.
Ella solía confundir la constancia de él con inteligencia. Pero la lista era ella; lista por los dos.


Él la quería sin saberlo. (¿Quién no ha querido a alguien sin saberlo en el instituto o en la facultad? ¿Quién no ha estado demasiado ocupado follando con quien no debe o durmiéndose en clase como para pensar en el amor? De hecho, ¿qué hay más incómodo que el amor en época de exámenes?) 


Ella tampoco lo sabía. Ni sabía que ella lo quería a él. No podía saberlo, no había manera. No le era posible imaginar que estaba enamorada si al verlo ir y venir con otras chicas jamás sintió celos. Imposible, por otra parte, sentir celos cuando ella se sabía la prioridad. Sabía que un silbido bastaba para que él dejara de besuquear a quien fuera y corriera a su lado. 
Quizás por eso él tampoco sintió celos jamás. Sus silbidos eran igual de efectivos.

Alguna vez se besaron y alguna que otra, también, borrachos, hicieron el amor torpemente; encendidos al principio, muertos de risa al mirarse a los ojos después. Debieron retener mejor esos momentos en la retina, pero es que tampoco nadie los avisó de que esas sensaciones no se repetirían nunca más con otras personas. Ni con ellos mismos.

Al terminar la carrera, cada uno regresó a su ciudad sin intención de quedarse más que lo necesario para encontrar trabajo en Madrid e instalarse en la capital indefinidamente. Sabían que aquello era sólo una parada en el camino, se dijeron "hasta luego" con la mano. Nunca una despedida tuvo menos drama que aquella.


Él cumplió su palabra y volvió.
Ella cumplió su palabra sólo a medias.


Él encontró un trabajo en una gestoría, donde sus estudios no le servían para absolutamente nada, pero lo tomó como un aprendizaje. Y, básicamente, lo que aprendió es que no quería permanecer mucho más tiempo allí. Ni allí ni en ningún otro lugar donde defender sus condiciones laborales y sus derechos más básicos fuera tan asquerosamente complicado. 

Eso de protestar se lo enseñó ella y, en cierta forma, le jodió la vida, porque él recordaba ser feliz antes de conocerla a ella, conformándose con lo que viniera.
Sólo por ese espíritu inconformista que ella le imprimió, acabó estudiando a conciencia unas oposiciones que salían para policía nacional a finales de ese mismo año y de las que se enteró por casualidad. Trabajar para el Estado se le antojaba la panacea. 

A ella la llamó desde una cabina para contárselo en el mismo momento en que salió su plaza, imaginando sus carcajadas cuando le dijera que era un puto poli. Él, un poli. Eran las dos de la tarde de un lunes, pero la pilló medio dormida porque la noche anterior, después de trabajar en el pub donde ponía copas, acabó saliendo hasta las mil con a saber quién... “ya iba medio pedo cuando salí del pub, Javi, así que me liaron fácilmente”.

Y así siempre. Y él ponía los ojos en blanco y le decía que buscara algo serio, por favor, que tenía ya veinticinco años y que ni siquiera estaba cotizando. Y ella se reía al otro lado del teléfono y le daban ganas de volar hasta esa cabina y acurrucarse en su cuello, muerta de amor, porque él siempre se preocupaba por ella más que ella misma. 

Él terminó dándose cuenta de que la quería en una de esas conversaciones en las que a menudo, antes que ella, descolgaba el teléfono uno u otro chico. O quizás se dio cuenta en su cama, mirándola roncar alguna de esas veces en las que la secuestraba y conseguía que ella durmiera de noche.


Pero con el paso del tiempo y las noches sin ella -que eran la mayoría-, su instinto de supervivencia empezó a colgar el teléfono en muchas cabinas sin terminar siquiera de marcar su número completo. El mismo instinto que le alejaba de ella cada vez que la veía dudar si quedarse o irse, si dormir siempre con él o sólo a veces. 

Se le partió el corazón tantas veces que perdió la cuenta. Él lo recomponía como podía y cuando creía estar bien iba de nuevo en su busca. Hasta que entendió que uno puede romperse por el mismo lado infinitas veces, que hay heridas que no terminan de cicatrizar y que, simplemente, hay que alejarse para siempre si quieres vivir en paz.
Tardó, porque nunca fue listo, sólo constante. Tardó, pero finalmente entendió.




Ella, una madrugada como la última que durmieron juntos pero treinta y siete años después, vio un policía nacional en la calle Orense esperando a que su compañero saliera de una farmacia de guardia. Era un chico tan joven, le traía tantos recuerdos ... Se puso carmín y se acercó a él.

- Hijo de la gran puta - le dijo.
- ¿Cómo dice, señora? - le preguntó el chico incrédulo.
- Que eres un hijo de la gran puta.

Una vez dentro del coche patrulla sintió los mismos nervios de impaciencia de siempre. 

Este chico había picado, debía ser nuevo... había ya muchos que la conocían y no picaban. Sonrió con picardía al joven que la miraba por el espejo retrovisor. Luego cerró los ojos, feliz, y se dejó llevar.



Ella se había quedado dormida en los bancos de la comisaría. A Javier, como cada vez, se le partió el corazón al ver su cuerpecito huesudo con tan poca ropa y tanto carmín allí tendido. Igual de desprotegida y vulnerable que toda su vida. Como siempre, sintió deseos de quitarse el uniforme y taparla. Y dejarla dormir.

- Ahí la tienes, otra vez. -le avisó un compañero sin separar la vista del móvil.- Qué mayor está, ¿verdad?- dijo levantando la vista distraído, como el que comenta el frío que hace.

-Yo me encargo de su papeleo -le contestó él a secas, cosa que ya daban por hecho en la comisaría.

Se acercó y la miró roncar. Era bonita aún, a pesar del destrozo que le había hecho la vida. O ella a la vida. 

Pensó en que aquel saco de huesos que tomó tantas decisiones equivocadas era lo que más había querido jamás. Y tragó saliva, angustiado porque nadie que no fuera ella lo sabía. Ni siquiera nadie de su entorno sabía de la existencia de aquella persona en su vida. Ni siquiera su mujer.


Ella se había despertado y lo estaba mirando mientras se desperezaba aún bajo los efectos del alcohol, o de las drogas, o de su propia locura.


- Hola, Javi. Te echaba de menos -dijo, toda sonrisas, huesos y pellejo-. Tengo frío, ¿me traes café?

Javier la miró pensativo. Sonrió con tristeza y asintió. 


Anduvo hasta la máquina de café arrastrando los pies, echó dos monedas, despacio y apretó sin ganas el botón de “Café solo”. Observó ensimismado cómo caía un hilo fino de café y deseó, cansado, que el vaso no se llenase nunca.



48 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre escribes bonito.

Gil dijo...

joder, qué cursi..

Anónimo dijo...

¿Cómo haces para emocionar con lo mismo que a cualquier otro le quedaría cursi?

Hija de puta!

Anónimo dijo...

Eres genial.

Carolina dijo...

Joder, Barbi. Me ha encantado.
Quién no ha deseado que el vaso no se llenase nunca.
Y el amor en época de exámenes, incomodísimo.

<3 para ti.

Carolina dijo...

Todos los comentarios en anónimo... Pues yo aquí con mis dos cojones y con foto.

Fiebre dijo...

Casi lloro.
Ella se vistió de verde, él de azul.
Luego llegó Agatha Ruiz de la Prada y dijo aquello de "azul y verde muerde" y nunca más estuvieron de moda.
La misma historia, sin bancos , sin dramas.
Ella a veces lo busca. El sale a saludarla, se muerde los labios...y por supuesto, su familia no sabe nada.

FeoMontes dijo...

Me cago en Fiebre, que por su culpa he acabado leyendo esto... que me resulta tan mío... tan vivido; sin policías, ni comisarías, ni uniformes, pero con cabinas y números a medio marcar, cansado de que descuelgue "él".

En serio, me alegro de haber amanecido en tu blog. Es más, hay un párrafo que me encantaría poner en una entrada del mío, diciendo su procedencia por supuesto. Si no te importa que lo utilice, me lo dices.

Pues lo dicho. MUY BUENO!!

Behiind catwalk. dijo...

Que bonito... la verdad es que es una historia que conmueve.
¡Escribes genial!

Anónimo dijo...

Queda claro lo hijo de puta que es el "compañero" del protagonista policia, el de las pantalla... Ya saben chicas, no olviden ir arregladas y perfectas las 24 horas del dia por si les cae una rueda de reconocimiento de esas... no?, Barbijaputa????

Anónimo dijo...

Me encanta tu forma de plasmar las cosas, y con ésta me has removido viejos recuerdos ....debemos ser de la misma edad porque tus reflexiones son bastantes parecidas a las mías.
Pd: Yo también tenía un folio en el que escribía , el nombre del chico , el perfume ....

Nocturn dijo...

Se te echaba de menos, Barbi. Y aunque me encante todo lo que escribes (aquí uno incapaz de hacer ascos a cualquier cosa que teclees) he de reconocer que historias como estas historias son las que me emocionan de verdad. No sé cómo lo haces, pero en todas hay un algo que te hace involucrarte. Igual es porque me veo como ellos ahora mismo, quizá me gusta creer que no soy el único. Y te digo, con mi corta experiencia, que no hace falta esperar tanto tiempo para desear que el vaso no se llene nunca.

Anónimo dijo...

Pregunta a todos: ¿Qué interpretación le dais a que él no quiera que el vaso se llene nunca?

eva maria martinez garcia dijo...

Genial, ha encantado......

Anónimo dijo...

Que seas feliz, te dicen. Como si eso fuera fácil.
Muchos besos navideños.
El Yerar.

Borf dijo...

:_)

Anónimo dijo...

Me gusto mucho , aunque es demasiado triste.

Pablo M. dijo...

Plas, plas, plas, plas!!
Enorme Barbi!!

Anónimo dijo...

*Manitas aplaudiendo del WhatsApp* BRAVO! ¿Cómo puedes hacer que todo lo que escribas lo relacione con algo de mi vida? Eres la mejor, Barbi. Se te quiere mucho...

Anónimo dijo...

Es verdad que a veces hay que alejarse para poder ser feliz, pero cuesta tanto, me costó tanto...
Mientras lo leía me veía reflejada en Javi. Siete años después, feliz, casada y con un hijo. Aquella persona que me rompió en mil pedazos sigue igual que siempre, sólo que más viejo.

Pau dijo...

Una vez más me has sorprendido. ¿Qué haces para conseguirlo?
Por un momento... por un momento he recordado un tiempo pasado, distinto, más duro, más cruel incluso. Lo escribí en mi novela.
Pero bien... todo pasó, aunque más intensamente y, por ende, con más olvido; porque siempre es así: a más de lo uno, más de lo otro.

Por cierto... a esta historia tampoco le veo fallo alguno ¿Será por mi ceguera de amor infinito?

Anónimo dijo...

Joder qué escrito más tristemente bonito.
Lo que me ha asustado es que la primera parte es prácticamente mi vida -.-

Anónimo dijo...

Como me gustan las que se esconden detrás de una japuta para ocultar su sensibilidad

Blanco Humano dijo...

Quince más como este. Ve pensando en un título.

Ana dijo...

Precioso.

Versi Color dijo...

¡Qué bonito, qué triste y qué ganas de llorar me han entrado!

La gata dijo...

Sabina ya tiene material para una canción... En serio: me ha encantado. Hay historias de amor que son, simplemente imposibles. Pero eso las hace aún más hermosas. Y eternas.
Un beso.

MH dijo...

"Travesuras de la niña mala". ¿Te ha encargado el post Ana Rosa?

Zascandil dijo...

Al último comentarista anónimo MH:

"Travesuras de una niña mala" es una novela donde la protagonista miente, engaña y humilla al protagonista. Es una cazafortunas egoísta que prefiere estar con cualquiera que tenga dinero antes que con el protagonista, básicamente porque no lo quiere, solo se quiere a sí misma. No veo relación con este relato en absoluto. Más bien veo un poquito de mala leche en tu comentario, comparando a la autora del relato con Ana Rosa.


A mí, personalmente, me ha enamorado este cuento, Barbi. Como todo lo que escribes últimamente.


Un beso y a seguir.

vittt dijo...

joder barb, me cortaría el brazo derecho por haberlo escrito (si eso me ahorraba el haberlo vivido -exactamente igual pero totalmente distinto-), y eso que con la izquierda escribo fatal.

Anónimo dijo...

¡Ayuda! Firma esta petición para que el Obispado de Alcalá de Henares retire de su web "los pasos para corregir la homosexualidad" Cada firma es un Enail que le llega al Obispado http://t.co/nlHRF9zP

Soncy V.G. dijo...

Real como la vida misma, Barbie!

lucy angela dijo...

http://losviajespornaralon.blogspot.com.es/?m=1

Laura dijo...

Una historia enternecedora, digna de ser enmarcada en la memoria.

Saludos

Javier dijo...

Muy bonita historia, te llega a emocionar.

Vamos al velatorio dijo...

Esta maldita madurez que te hace echar la vista atrás y te hace ver todas esas decisiones erróneas que uno ha tomado...

Zonages. Webs, Blogs, Marketing, Seo, Dominios, Redes Sociales, Anuncios y Ocio. dijo...

es mejor quedarse pequeño muchas veces.

Comparador seguros salud dijo...

pero si te quedas pequeño no evolucionas y el ser humano eso lo necesita.

Anónimo dijo...

si me lo permites Comparador... que la humanidad se vaya al carajo

xavi dijo...

Este me ha encantado. Escribes genial, sigo leyéndote

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perdida en la red dijo...

qué "japuta" eres ....(con reverencia andaluza) .. me ha gustado mucho !!!

besicos

wahyud dijo...

hi.. just dropping by here... have a nice day!
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Despedida de Soltera Bogotá dijo...

Maravilloso blog, que gusto conocrlo, Un saludo.

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thank you

Anónimo dijo...

Barbi, da miedo cómo escribes, qué dolor de tripas me has dejado, eres buenísima.

Bárbara dijo...

Acabo de descubrir este blog, a través de un twit tuyo. He leído esta historia y cuando ha terminado lo primero que he pensado es: "Noooooo" ¿Cómo sigueee? Si fuera un libro, creo que tendría que comprarlo. Enhorabuena por tu frescura escribiendo. Soy difícil de enganchar en cuanto a lectura, y me has dejado con ganas de más.
Planteate escribir un libro, si aún no lo has hecho. Y sino, sigue regalándonos tus blogs

obat pelangsing alami dijo...

hi,, i like to visit this site,, have a nice day :)